No
se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión,
con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle
gracias.
Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus
corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.
Filipenses 4:6-7
Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse
de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de
la misma manera que nosotros, aunque sin pecado.
Así que acerquémonos confiadamente al trono de
la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos
ayude en el momento que más la necesitemos.
Hebreos 4:15-16
El Señor
es mi roca, mi amparo, mi libertador;
es mi Dios, el peñasco en que me refugio.
Es mi escudo, el poder que me salva, ¡
mi más alto escondite!
Salmos 18:2
|